Las chinches de cama mueren a 122°F (50°C) con suficiente tiempo de exposición. El tratamiento térmico profesional usa calentadores que elevan toda la habitación a 130-140°F durante 4-6 horas — suficiente para que el calor penetre en todos los escondites: dentro de colchones, en marcos de madera, detrás de placas eléctricas, y dentro de paredes. Esta uniformidad es la clave: el calor llega a donde el spray no puede.
Un carro en el sol de verano puede alcanzar 140°F — pero no mantiene esa temperatura uniformemente durante suficiente tiempo en todos los rincones del vehículo. Un secador de pelo no penetra dentro de un colchón. Un calentador portátil en una habitación crea puntos fríos donde las chinches sobreviven. El tratamiento térmico profesional usa sensores de temperatura en múltiples puntos para confirmar que se alcanzan temperaturas letales en CADA ubicación durante el tiempo requerido.